Pero el dolor y la ira no se van, pareciese que aumentaran en imprescindibles y grandes cantidades.
Ahí es cuando se empieza a descontrolar la situación. Es como si la conciencia y la razón fueran dos parásitos que huyen del insecticida, pero es ese insecticida realmente un insecticida? por que será que cuando los parásitos tienen que estar mas que nunca en uno, al ver que tienen que seguir ahí se van? quizás por que saben que no van a ser usados independientemente de que estén o no ; ¿será una típica reacción de la rebuscada sinapsis del ser humano? no lo sabemos, y si lo sabemos tampoco sabemos cuan certero es nuestro conocimiento, ya que hasta ser comprobado no será nada más que una simple travesía por las turbias cataratas de la mente.
Pierde totalmente el control de sus riendas, sabe que tiene tendencias a decaer en su pasado, tal vez por que no se ha curado del todo.
Por A o por B tiene miedo de retroceder, y como la razón y la conciencia ya armaron las valijas hace ya unos minutos, no hay casi nada que le impida obrar in sanamente.
Algo indefinido, que quizás sea producto de su todavía en proceso sanación, hace que no cometa el mismo error otra vez. A diferencia de eso, comete otro, peor.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano por no permitir el retroceso se dirige a la cocina. Al llegar al living ve algo que le hiela la sangre y cada parte de su sistema nervioso.
Esa imagen le es tétricamente familiar, no lo soporta, los recuerdos son con vez más vivos, cada vez más familiares, si, recuerda el día que su padrastro la violó como si huviera sido ayer. Aquel recuerdo que creyó haber bloqueado o superado ahora hierve en llamas.
No puede soportar ver como la historia se repite con su hermana menor, no puede ver eso, es solo una niña, al igual que ella lo fue. Una mezcla de dolor, repugnancia y vergüenza la impulsan a dirigirse hacia el con el impulso de su velocidad y todas sus fuerzas, que por supuesto para los 120 kilos y casi dos metros de Héctor no son más que caricias. Arroja contra la pared la débil y esbelta silueta de Marina; prosiguiendo así con su desagradable acto de sollozos desesperados por parte de la criatura y los regodeos de su desagradable persona.
Marina yace casi inconsciente en un rincón, con algo de fuerza se dirige a su lento ritmo, que teniendo en cuenta las circunstancias es más veloz que el que cualquiera pudiera emitir, toma el palo de amasar , tambaleándose se dirige a Héctor, y con todo su dolor, su ira y su tentación de venganza le da un golpe seco en la cabeza que terminará con sus días. Al ver que reposa en el suelo siente una mezcla extrañísima de placer y dolor. Piensa que los días de tortura mental se acabaron, y que al fin podrá dar un paso al frente en su vida.
Rápidamente se dirige hacia Nadia, que yace de ojos cerrados en el suelo. Le toma el pulso, no hay rastros de vida.
- Nadia, Nadia por favor no te vayas, no me hagas esto. Nadia reaccioná, no me dejes así. no no no no no no , por favor noooooooooooooooo!- exclama con desesperación.
Sus niveles de ansiedad sobrepasan ya todo lo conocido, su cabeza está a punto de colapsar. Las manos le tiemblan, todo el cuerpo parece estar siendo la victima de un tornado arrasador.
No puede perderla, a ella, no. ¿ por que es acaso tan injusto el destino ? ¿Fue acaso la cronología exacta entre que reaccionó al ver la tétrica escena y actuó ? Nadie puede prevenir eso. ni ella ni nadie. Pero el tiempo y el espacio no van a prevalecer en su persona lo suficiente como para que tome consciencia de eso.
Estalla en un llanto desconsoladamente descontrolado, corre a la cocina, abre el placard de los medicamentos. Sus manos tiemblan, le es muy difícil sostener un frasco y hacerlo permanecer inmóvil en su mano.
Tórpemente lee las etiquetas de los medicamentos; clorazepan, gloriax, diazepán. Sí, esto último le sirve. Abre el frasco y toma 6 píldoras. Éstas permanecen unos segundos en su mano izquierda, mientras vacila de lo que piensa hacer. Medita unos simples segundos, sabe que no habrá vuelta atrás.
Los parásitos están muy lejos y a la vez muy cerca de ella, ya que no es consciente pero si usa la razón cuando en su interior piensa: - para que quiero vivir si no tengo nada- estas palabras internas firman su sentencia de muerte. Introduce con temor y débil decisión las píldoras en su garganta. Le cuesta hacerlas pasar,pero lo logra. Titubea un momento. Se arrepiente, oh ! como se arrepiente! Rápidamente se dirige hacia el cuarto de baño, pretende devolver sus mortales pastillas, pero su esfuerzo es en vano, ya que cae en el suelo del living junto a su hermana sin poder moverse. Vé una imagen borrosa. Es su madre. Sollozando se le acerca y le pronuncia suavemente - ¿Por qué hiciste eso Marina? Estoy acá, siempre lo estube-
- Sí, tal vez estuviste físicamente, pero nunca abriste los ojos y dejaste ver un poco más allá del teatro que fue siempre nuestra vida. No importa, ya nada importa para mí-
Sus ojos se cerraron y jamás los ha vuelto abrir.
Ahora mira crecer las flores desde abajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario